El Santo Padre invita a las nuevas generaciones a encarar los retos actuales con plena confianza en Cristo, a vivir la valentía que nace del amor y a forjar un porvenir iluminado por la esperanza, la justicia y la paz, en el marco de la XLI Jornada Mundial de la Juventud.
Patricia Ynestroza – Ciudad del Vaticano
León XIV ha enviado un mensaje a los jóvenes con motivo de la XLI Jornada Mundial de la Juventud, cuya celebración local está prevista para el 22 de noviembre de 2026 y cuyo encuentro internacional tendrá lugar en Seúl, Corea del Sur, del 3 al 8 de agosto de 2027. Bajo el lema «Tengan valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33), el Pontífice propone una reflexión sobre la valentía cristiana como respuesta a los temores, incertidumbres y desafíos que viven las nuevas generaciones.
En su discurso, el Papa agradece el don que los jóvenes representan para la Iglesia y la sociedad, reconoce en ellos el anhelo de libertad, verdad y amor, y subraya la esperanza que el Espíritu Santo despierta en sus corazones, una luz que puede iluminar a los demás.
El Santo Padre señala que muchos jóvenes sienten preocupación por el futuro, presión por alcanzar el éxito, dificultades para aceptar su identidad y una sensación de soledad. También advierte sobre la influencia de las redes sociales y de modelos artificiales que fomentan comparaciones constantes y expectativas inalcanzables.
Frente a estas realidades, el Papa rememora el encuentro de Jesús con sus discípulos en medio de aguas turbulentas y les asegura que Cristo está ya presente, incluso antes de que empiecen a buscarlo. Afirma que la valentía cristiana no depende de las fuerzas propias, sino de la cercanía del Señor, que acompaña a cada persona en las pruebas de la vida, y aclara que, aunque Cristo no garantiza una existencia libre de sufrimiento, ninguna oscuridad supera su amor.
Al profundizar en la victoria de Cristo sobre el mundo, León XIV explica que dicha victoria no se trata de imponerse a los demás ni de exhibir constantemente el propio valor, sino de entregarse por amor. Invita a los jóvenes a vivir una valentía comprometida con la vida, la verdad, la libertad y la justicia, enfrentando las dificultades del mundo con la mirada de Cristo, buscando la paz, practicando la amabilidad y manteniendo viva la esperanza.
El Pontífice recuerda que la dignidad de cada persona no depende de la imagen que uno mismo construye, sino de haber sido creada a imagen de Dios y de ser conocida y amada por Él. Por ello, anima a los jóvenes a vivir con autenticidad, sin ocultar sus fragilidades, dudas o límites.
León XIV también presenta la humildad como forma de valentía. Ante una mentalidad que impulsa a resolver todo individualmente, el Evangelio propone reconocer los propios límites, aceptar la ayuda de los demás y confiar la vida a Dios.
Abrirse a Cristo, según el Papa, permite descubrir la propia identidad y transformar las relaciones cotidianas. La fidelidad a los amigos, el respeto a quienes piensan diferente, la atención a los solitarios y la cercanía a los más débiles son expresiones concretas de un amor que transforma la vida. Asimismo, recuerda que la paz del Cristo resucitado puede sanar heridas, superar resentimientos y ayudar a reconciliar a personas y comunidades.
De cara a la Jornada Mundial de la Juventud en Seúl, el Santo Padre invita a los jóvenes a prepararse no solo para el viaje, sino también interiormente, mediante un encuentro auténtico con Jesucristo. Los anima a presentar ante Él sus preguntas, sufrimientos y esperanzas, así como las heridas de sus sociedades y los desafíos que enfrentan sus países, y a escuchar el clamor de la tierra y de los pobres, siguiendo la enseñanza del papa Francisco.
Al concluir su mensaje, León XIV reproduce las palabras de san Juan Pablo II: «¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!». Expresa su deseo de encontrarse con los jóvenes en Seúl y les recuerda que Cristo ya ha salido a su encuentro. Su invitación final es confiar en la promesa del Señor y dejarse transformar por su amor.
El mensaje finaliza señalando que la verdadera valentía cristiana consiste en confiar en Cristo y permitir que su amor transforme la vida personal y comunitaria, contribuyendo a la construcción de un mundo más justo, fraterno y lleno de esperanza.


