Israel celebró sus primeras elecciones generales desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, una jornada que se distinguió por una participación masiva y una polarización política intensa. En medio de este contexto, el primer ministro Benjamin Netanyahu lanzó una acusación contra funcionarios electorales, alegando que intentaban sustraer el resultado del voto.
Durante el día electoral, varias personas fueron detenidas en el sur del país mientras transportaban sobres que supuestamente contenían material electoral. Las autoridades encargadas del proceso aclararon que los detenidos aún no habían llegado a los centros de votación y describieron el hecho como un intento de interferir en la marcha electoral.
En otro episodio, un individuo se acercó de forma amenazante a un dirigente de la izquierda, provocando una fuerte reacción. El líder respondió en un comunicado: «La incitación y la violencia no nos intimidarán», subrayando la determinación de su campaña pese a la tensión.
El escenario electoral se desarrolla bajo la sombra de la ofensiva militar en Gaza y los episodios de violencia de colonos en Cisjordania, mientras sectores de extrema derecha y el nacionalismo ganan terreno y alimentan la disputa política.
Según la Comisión Electoral Central, la participación alcanzó el 16,68 % en las primeras tres horas de votación, la cifra más alta registrada a esa hora. Además, decenas de miles de israelíes residentes en el exterior acudieron a los colegios consulares para ejercer su derecho al voto.
Un ciudadano que regresó a Israel después de casi 30 años viviendo en Canadá manifestó: «Siento que este es el momento decisivo. Es ahora o nunca; de lo contrario, el país realmente ya no sobrevivirá». Los resultados, que se esperan con gran expectación, definirán la composición del Parlamento y determinarán si Netanyahu logrará mantenerse al frente del gobierno.


