La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva consolida la relación política y económica entre Brasil y China, una alianza que habría sufrido un enfriamiento si hubiera triunfado el candidato pro‑EEUU, en medio de la pugna por influencia en Latinoamérica.
Lula alcanzó su cuarto mandato al imponerse en la segunda vuelta del domingo frente al candidato Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, según los resultados oficiales.
China, que rara vez felicita a un mandatario electo en menos de 24 horas, envió su mensaje de congratulación el lunes, señalando la importancia que otorga a su socio suramericano y su deseo de «seguir avanzando en la construcción de una comunidad de futuro compartida».
Los analistas chinos mostraron interés por la posible alternancia, destacando que la política exterior de Lula busca diversificar alianzas, contrastando con la orientación pro‑Estados Unidos defendida por su rival.
De haberse impuesto el hijo de Bolsonaro, se habría sumado a una serie de victorias conservadoras en la región —Chile, Colombia y previamente Argentina— que, aunque alineados con Washington, no podrían cortar totalmente los lazos comerciales con China.
Desde 2009, China se mantiene como el principal socio comercial de Brasil. En 2025, el intercambio bilateral alcanzó un récord de 171.000 millones de dólares, y el país asiático fue el mayor receptor mundial de inversión china ese año, con 6.100 millones de dólares.
Antes de la votación, la analista Zhang, del Instituto de Estudios Internacionales de China, advirtió a la prensa local que una victoria de la derecha brasileña «el panorama geopolítico de América Latina podría transformarse por completo».
No obstante, Zhang matizó que no se produciría «una ruptura drástica» en los lazos entre China y Brasil, los cuales conservarían «cierta solidez» incluso bajo un gobierno Bolsonaro.
Otros expertos, como Xu Tianqi de la Universidad Renmin, declararon a Guancha que la magnitud del comercio y la inversión haría difícil que un eventual gobierno Bolsonaro abandonara los BRICS, pese a los planteamientos de su entorno político.
La autoridad china ha evitado ligar sus relaciones con América Latina a la ideología de los gobiernos. Qiu Xiaoqi, representante especial de Pekín para la región, afirmó en octubre que China «no establece divisiones ideológicas» y respeta las decisiones electorales de cada país.
En julio, Xi Jinping y Lula conversaron por teléfono; el presidente chino reiteró su apoyo a la soberanía brasileña y condenó las «interferencias externas» mientras se intensificaban las tensiones comerciales entre Brasil y la administración de Donald Trump.
Washington anunció en ese mismo mes aranceles del 25 % a ciertos productos brasileños; el gobierno de Lula respondió iniciando los trámites para aplicar su ley de reciprocidad.
A pesar del acercamiento, persisten diferencias: en octubre China impuso un arancel adicional del 55 % a la carne bovina brasileña que supere la cuota anual establecida, tras el agotamiento de la asignación a Brasil.


