La puesta teatral, encabezada por la brillante Cecilia García, será presentada este viernes 18 y sábado 19 de septiembre a las 8:30 p.m. en la Sala Ravelo del Teatro Nacional, brindando a la audiencia capitalina la posibilidad de adentrarse en una trama que sitúa la memoria como su eje dramático central.
¿Qué sucede cuando los lapsos de olvido dejan de ser esporádicos? ¿Qué implica que esas ausencias mentales se vuelvan habituales, infiltrándose en la cotidianidad y cuestionando aquello que durante años se consideró inmutable? Son esas dudas las que revelan la pérdida de la memoria, a menudo encubiertas tras una sonrisa y un “se me pasó”.
Sobre ese marco, entre la risa, la sensibilidad y la incertidumbre, se despliega la obra, creada por los dramaturgos argentinos Mariela Asensio y José María Muscari. Esta es su primera visita a la República Dominicana, bajo la dirección de Carlos Espinal y con la impecable interpretación de Cecilia García.
El relato gira en torno a María Inés Quintana (interpretada por Cecilia García), una magistrada acostumbrada a ejercer control total. Su carrera la ha posicionado durante años como la autoridad que decide, ordena y resuelve. Sin embargo, una nueva amenaza se cierne sobre ella: su propia capacidad de recordar.
Los indicios aparecen como pequeños tropiezos: una confusión momentánea, una palabra que se escapa, un dato que se desvanece. Lo que al principio podría verse como un simple desliz, pronto adquiere mayor relevancia. María Inés percibe que algo está cambiando y decide convocar a las mujeres que forman parte esencial de su vida.
A partir de esa convocatoria, la narrativa toma otro rumbo. Lo que inicia como una reunión familiar se transforma en un reencuentro, un recorrido por recuerdos, afectos y heridas acumuladas. El pasado reaparece cargado de secretos, rencores, lealtades y asuntos pendientes.
Mientras la jueza intenta descifrar lo que acontece en su mente, Olga Bucarelli (Sirley), la empleada doméstica; Pachy Méndez, que da vida a Selva, la abogada familiar; e Isabela Quintana, hija de María Inés (Laura Rivera), también se ven obligadas a confrontar sus propias verdades.
En medio de este conflicto, la pieza halla su mayor fuerza: el deterioro cognitivo de la protagonista no se muestra como una problemática aislada, sino como una experiencia que repercute y transforma todo su entorno.
Tras un aclamado estreno en la Sala Julio Alberto Hernández del Gran Teatro del Cibao en Santiago de los Caballeros, la obra prosigue su gira por la escena nacional y llega a la capital para presentarse nuevamente en la Sala Ravelo del Teatro Nacional Eduardo Brito. Los horarios se mantienen: viernes 18 y sábado 19 de septiembre a las 8:30 p.m., ofreciendo al público una mirada profunda a uno de los dramas más críticos de la memoria.
La función en Santiago concluyó con el elenco recibiendo un fuerte aplauso del público, señal clara de la cálida acogida que obtuvo la propuesta escénica y el trabajo de sus intérpretes.
El deterioro cognitivo y el Alzheimer rara vez se vinculan con la risa; sin embargo, “Perdida Mente” apuesta por el humor como vía para acercarse a una realidad dolorosa que se vuelve cada vez más presente en la sociedad.
El objetivo de la puesta no es convertir la enfermedad en objeto de burla, sino utilizar el teatro como espacio para dialogar al respecto. El escenario permite que el espectador se identifique con situaciones aparentemente simples y, gradualmente, descubra que tras una carcajada puede esconderse una pregunta incómoda.
Cecilia García, quien encarna a María Inés, subraya que nunca antes se había abordado este tema desde un escenario con las características de esta propuesta, alejado del lenguaje clínico de un consultorio o de una charla médica.
La primera función tuvo lugar en Santiago de los Caballeros. Para García, sentir las emociones del público y observar su reacción ante la historia tiene un valor especial. Más allá de las risas, percibió que los asistentes también vivieron la obra como una experiencia de aprendizaje.
Allí radica la grandeza de “Perdida Mente”, pues logra acercar al público a un asunto complejo sin que se sientan frente a una lección médica, sino frente a una historia profundamente humana, capaz de generar risas, emociones y, sobre todo, de despertar interrogantes sobre la memoria, el bienestar, los lazos y el inevitable paso del tiempo.
Dirección musical: Dante Cucurullo. Iluminación: Ernesto López. Vestuario: Cecilia García. Escenografía: Ángela Bernal. Dirección: Carlos Espinal. Maquillaje: Jacqueline Almonte.


