El servicio de carga aérea asociado a Prime Air, que arrancó en territorio dominicano en septiembre de 2025, concluyó apenas cuatro meses después, pues el flujo de mercancías no alcanzó los niveles exigidos para que la ruta fuera rentable y sostenible.
El último vuelo se realizó en una fecha no especificada, poniendo término a una iniciativa que había despertado gran entusiasmo en los sectores aeronáutico y logístico del país, ya que la presencia de aviones con la marca Prime Air se percibía como una vía para afianzar a República Dominicana como centro de distribución regional.
Según Luis José López Mena, vocero de Aeropuertos Dominicanos Siglo XXI (AERODOM), «la decisión de suspender los vuelos estuvo directamente relacionada con la falta de suficiente demanda de carga»; la operación no logró reunir el volumen necesario para sostener económicamente los recorridos desde el Aeropuerto Internacional de Las Américas (AILA).
Aunque los aviones mostraban la identificación de Prime Air, la gestión en suelo dominicano no estaba a cargo de Amazon. AERODOM explicó que el servicio estaba operado por una empresa local que había contratado la capacidad aérea de Amazon para el traslado de mercancías.
Frente a la escasa demanda, la ruta fue reubicada a otro aeropuerto fuera de la República, dejando al país sin un servicio que apenas comenzaba a consolidarse y que, por su vínculo con una de las plataformas de comercio electrónico más importantes del planeta, representaba una oportunidad de crecimiento para el tráfico de carga.
La salida de Prime Air también ha encendido un debate sobre la actuación de las autoridades dominicanas, que según sectores vinculados a la aviación y la logística, no fueron lo suficientemente proactivas para acompañar la operación y buscar alternativas que aumentaran el volumen de carga.
El reclamo principal es que, una vez detectada la dificultad para alcanzar la cantidad requerida de mercancías, faltó un respaldo institucional que permitiera mantener el vuelo en territorio nacional, mediante una coordinación más estrecha entre Aduanas, comercio exterior, logística, la autoridad de aviación civil y los operadores privados.
La continuidad de un proyecto de esta naturaleza no depende únicamente de la infraestructura aeroportuaria disponible; también es necesario crear condiciones que atraigan carga, simplifiquen los procesos de importación y exportación, reduzcan los tiempos operativos y fomenten entre los productores locales el uso del transporte aéreo.
En este contexto surgen preguntas sobre el papel de la Dirección General de Aduanas (DGA) y sobre las acciones que esa entidad podría haber impulsado para facilitar y estimular el crecimiento de la operación, más allá de agilizar los despachos.
La experiencia de Prime Air muestra que disponer de un aeropuerto con capacidad de carga no garantiza por sí sola la permanencia de la ruta; se requiere una estrategia nacional orientada a captar y consolidar volúmenes que hagan atractiva la oferta para los operadores.
Así, la partida de Prime Air se interpreta como una oportunidad perdida para República Dominicana, que aspira a consolidarse como centro logístico y de distribución para el Caribe y Centroamérica.
Cuando los vuelos comenzaron en septiembre de 2025, la llegada de Prime Air al AILA se vio como una señal del creciente interés por el país como nodo de conexión para mercancías del comercio electrónico; sin embargo, la falta de carga suficiente superó las expectativas iniciales.
El caso deja una lección clara para autoridades y sector privado: la implantación de una operación aérea debe ir acompañada de una estrategia que garantice su sostenibilidad, pues la infraestructura y la ubicación geográfica privilegiada solo son parte del panorama.
La retirada de Amazon Prime Air no implica que el país haya perdido su potencial como hub de carga aérea, pero evidencia que la ausencia de coordinación y apoyo para generar mayores volúmenes puede provocar que iniciativas estratégicas migren a otros mercados.
El reto ahora es evitar que una situación similar se repita y que, cuando una compañía internacional decida establecerse en la República, tanto el gobierno como el sector privado actúen de forma coordinada para crear las condiciones que permitan mantener y expandir la operación.
En última instancia, la cuestión que queda sobre la mesa es si República Dominicana está tomando todas las medidas necesarias para conservar y desarrollar las operaciones de carga aérea que podrían convertir al país en un auténtico centro logístico regional.


