Ciudad de México, 2 de septiembre (EFE).‑ Cuando la actriz, productora y activista mexicana Salma Hayek reunía los elementos para la película ‘Frida’ (2002), que le valió su única nominación al Óscar, el escritor colombiano Gabriel García Márquez le dirigió una frase que quedaría grabada en su camino por Hollywood: “Lo más difícil es empezar y tú ya has empezado”.
El escritor no se equivocó. Ese mismo comentario coincidió con el primer gran logro de Hayek en Estados Unidos, y ella seguiría acumulando éxitos durante casi cuatro décadas de carrera, a lo largo de los seis decenios que hoy celebra, este 2 de septiembre.
En el día de su cumpleaños, la artista nacida en Veracruz se destaca por romper los prejuicios que pesan sobre la comunidad latina mediante películas exitosas, la serie televisiva ‘Ugly Betty’ y producciones para plataformas como HBO (‘Como agua para chocolate’) y Netflix (‘Monarca’).
A los 25 años, la actriz se planteó un objetivo aparentemente imposible: desafiar a la industria del entretenimiento estadounidense, conocida por su xenofobia y misoginia. En aquel momento apenas dominaba el inglés y su acento latino era visto como un estigma por los grandes estudios de Hollywood.
Aunque las circunstancias estaban en su contra, empacó su vida en México y se mudó a Los Ángeles en 1991, dejando atrás la popularidad que había alcanzado en su país con la telenovela ‘Teresa’ (Televisa, 1989).
“Hayek pudo haber forjado una exitosa carrera como protagonista de telenovelas en México; sin embargo, optó por arriesgarse y cruzar la frontera. Ese salto siempre la diferenciará del resto”, señaló a EFE Hugo Villa, director de la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Villa describe a Salma con dos palabras: “paciencia y tozudez”, virtudes que cultivó durante su infancia en Coatzacoalcos, Veracruz, heredadas de su padre, empresario de origen libanés, y de su madre, la cantante de ópera Diana Jiménez Medina.
Esa determinación la condujo a sus primeros pasos en la meca del cine con la película ‘Pistolero’, donde compartió protagonismo con el español Antonio Banderas, y más tarde a la fundación de Ventanarosa, productora que impulsó ‘Frida’, largometraje sobre la pintora mexicana que definió su vocación.
En una entrevista concedida a la cadena CBS, la actriz manifestó que su “satisfacción personal” radica en promover producciones que cuestionen las ideas preconcebidas sobre México y el resto de Latinoamérica.
Ese planteamiento la ha convertido en un ícono cultural, permitiéndole participar en el universo Marvel (‘Eternals’), aparecer en portadas de revistas como Vogue y Time, y colaborar recientemente con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, en un plan para fortalecer el cine nacional.
Su condición de referente cultural y empresarial le ha abierto puertas a nuevos talentos latinos y la ha impulsado a defender causas activistas, como alzarse contra las recientes deportaciones masivas en EE. UU. o denunciar el acoso del productor Harvey Weinstein en un artículo del The New York Times.
La vida privada de Hayek también refleja una rica diversidad cultural: en su hogar se hablan español, inglés y francés, este último por su esposo, el multimillonario François‑Henri Pinault, presidente del consorcio Kering, que agrupa marcas de lujo como Gucci, Balenciaga y Saint Laurent, y es considerado uno de los hombres más ricos del planeta.
“Trato de no decir malas palabras delante de los niños, pero mi idioma favorito para maldecir es el español”, confesó la actriz al comentar su dinámica familiar, donde destaca a Valentina, su única hija biológica.
Desde su apartamento en el sexto piso, Salma Hayek se despide del proyecto ‘Without Blood’, dirigido por Angelina Jolie, y se prepara para nuevas aventuras junto a Adam Sandler en ‘Niños grandes 3’, mientras promete seguir consolidando el legado que ha construido en defensa de la identidad latina.


