Bogotá (EFE).‑ El 10 de agosto, Colombia enfrentó una de las emergencias más graves de su historia reciente cuando un temblor de magnitud 7,4 sacudió la zona occidental y central del territorio, dejando miles de damnificados y generando una serie de polémicas y compromisos de reconstrucción que continúan un mes después.
El movimiento telúrico se registró a las 07:34 hora local (12:34 GMT) y tuvo como foco el municipio de San José del Palmar, en el departamento de Chocó, con una profundidad de 103 kilómetros bajo la superficie.
Chocó, considerado uno de los departamentos más pobres y aislados del país, forma parte de la región del Pacífico y colinda con Risaralda y Valle del Cauca, zonas que fueron las más afectadas por las ondas sísmicas.
Según el Servicio Geológico Colombiano, este sismo es el más fuerte registrado en el presente siglo y el tercero en la historia nacional, contabilizando 297 réplicas, la más intensa de ellas con magnitud 4,8.
El temblor recordó a los colombianos el terremoto que devastó Armenia, capital del Quindío, el 25 de enero de 1999, el cual cobró 1 185 vidas, dejó más de 8 536 heridos, destruyó o volvió inhabitable a 35 972 viviendas y afectó 6 408 fincas cafeteras.
Un mes después, las cifras de daño siguen en aumento: la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) informó 331 fallecidos, 4 505 heridos, 111 desaparecidos y 466 709 personas afectadas, pertenecientes a 296 738 familias.
El sismo impactó a 498 municipios distribuidos en 16 departamentos, equivalentes a la mitad de los 32 que conforman la nación; se reportaron 36 326 viviendas totalmente destruidas, 202 002 casas con daños y 743 edificios colapsados.
El Gobierno declaró estados de emergencia económica, social y ecológica, y estimó preliminarmente el costo de la reconstrucción en cerca de treinta billones de pesos, aproximadamente 9 500 millones de dólares, bajo la coordinación del llamado Fondo Milagro, cuya dirección está a cargo del empresario Jaime Uribe.
El Fondo Milagro tomará como modelo el Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero (Forec), creado tras el terremoto de 1999 en Armenia y considerado un referente positivo en materia de recuperación.
En el marco de la agenda del presidente Abelardo de la Espriella, se anunció un “Plan Marshall” destinado a la reconstrucción del Chocó, con el objetivo de reparar los daños del sismo y atacar el subdesarrollo estructural de la región.
El mandatario sostuvo una reunión esta semana en Quibdó con un grupo de empresarios adinerados, en una especie de cumbre de donantes, donde se firmó dicho plan que contempla cinco ejes estratégicos, entre los que se incluyen la atracción de inversión privada, la modernización de la infraestructura vial y portuaria, incentivos fiscales y el impulso al turismo sostenible.
El sector educativo resultó particularmente golpeado: de los 13 700 colegios del país, 4 313 presentan daños, lo que equivale a uno de cada tres centros escolares; varias instituciones optaron por la modalidad virtual, medida cuestionada en áreas rurales donde la conectividad y los dispositivos son limitados.
La gestión de la emergencia no estuvo exenta de críticas. De la Espriella fue señalado por lanzar balones con propaganda partidista a un grupo de damnificados en Buenaventura y por filtrar la ayuda según criterios ideológicos, excluyendo, por ejemplo, a un reconocido equipo de rescate mexicano.
El ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, también recibió reproches tras ser fotografiado en una boda en un hotel de playa en Santa Marta durante el fin de semana posterior al sismo, mientras continuaban los trabajos de contabilización de viviendas destruidas y dañadas.


