Ubaldo Cabrera, quien concluyó sus estudios de Derecho en la UNICARIBE, rememora haber transitado por los dos universos del boxeo: el amateur y el profesional, atravesando etapas complicadas.
El pugilista, inmortalizado en la historia del boxeo tras alzarse con la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de 2003, comprendió que su futuro y el de su familia se encontraba entre los muros de la academia, razón por la cual optó por la carrera jurídica, culminó su licenciatura y lleva varios años ejerciendo la profesión.
Padre de cuatro hijos, Cabrera explicó que, aunque contaba con condiciones para proseguir en el deporte, se topó con situaciones que no concordaban con su personalidad. “Después de firmar con Don King, la suerte no estuvo de mi lado; aunque logré disputar algunas contiendas, la experiencia resultó nada positiva”, afirmó.
El exboxeador relató un episodio crítico: “Me informaron que la pelea sería a 160 libras y, a dos días, cambiaron a 154; tuve que bajar de peso de forma drástica y me desmayé en el entrenamiento”. Añadió que, sin mucha energía, lo instaron a competir bajo la amenaza de suspensión por parte del comisionado de Los Ángeles, lo que culminó con una derrota en el primer asalto.
Actualmente abogado de la República, Cabrera será homenajeado con el baño de la inmortalidad el próximo 15 de noviembre. Aún conserva viva la imagen de la noche del 16 de agosto de 2003, cuando se coronó campeón de oro frente al público, imponiéndose por decisión (23-12) al cubano Yordanis Despaigne y también superando al canadiense de origen haitiano Jean‑Thenistor Pascal con un marcador de 19-11.
Su trayectoria incluye plata en San Salvador 2002, participación en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y Sydney 2004 en la categoría de 75 kg, sin pasar de la ronda inicial. Fue cinco veces campeón nacional superior, siete veces monarca en los Juegos Deportivos Militares y acumuló 18 medallas de oro en competencias internacionales, además de dos de plata y dos de bronce. Ubaldo será el vigésimo‑tercer boxeador inmortal y el vigésimo‑noveno de la disciplina en general.


