Aunque la llegada masiva de leche líquida importada y otros productos lácteos de distintas naciones ha encarecido la balanza para la ganadería local y ha mermado el valor agregado, la República Dominicana sigue produciendo una de las leches más apreciadas a nivel mundial. La actividad lechera no se detiene: la capital lechera de Santiago Rodríguez muestra un historial de aportes sólidos y una producción en aumento, al igual que los valiosos rendimientos de Monterist, Dajabón y Valverde, y los quesos de Monción. Los centros de acopio de la zona alimentan a más de cien queserías del noroeste y la industrialización avanza gracias a la Pasteurizadora Rica y a otras grandes procesadoras lácteas que operan en la región.
El aprovechamiento de la leche se extiende a una amplia gama de productos: quesos Águila en Puerto Plata, la marca Don Iván en Hato Mayor, las fábricas Troncoso Peña y Reinaldo Guerrero en Baní, el queso con limón de Paya, los quesos suizos de La Vega, los yogures Elite y Yoplait, y los quesos de Induveca. Asimismo, la leche sirve de base para los quesos de Santiago Rodríguez, Don César en Monte Plata, Don Manuel en Cayacoa, y para las queserías de El Seybo, La Lupa y Lazarina en Cabarete, entre otras localidades como Río San Juan, Abreu, Cabrera, Nagua, Gaspar Hernández, Carbonera, Montecristi, Dajabón, Esperanza, Piloto, Valverde, Luperón, La Isabela, La Caya y Laguna Salada, que añaden valor al producto nacional.
Investigaciones realizadas por Primicias indican que entre 400 y 800 fábricas de queso emplean la leche líquida dominicana, pues la leche en polvo no brinda los mismos resultados en sus procesos. Entre los ejemplos de productos elaborados con leche local se encuentran el queso blanco de freír Sabriel de Monción, el Cibaeño Don Justino de La Caya, y el Don Eddy de La Altagracia.
El doctor José Miguel de Peña Jiménez, reconocido experto en producción e industrialización lechera, afirmó a Primicias que “La República Dominicana produce leche de primera calidad para la elaboración de quesos, yogurt, dulces y otros productos”. Añadió que la leche en polvo no permite desarrollar una industria láctea de calidad, destacando la diferencia esencial entre el polvo y la leche fresca en la elaboración.
Peña Jiménez describió a la Pasteurizadora Rica como el referente de excelencia láctea en el país. La empresa, además de generar su propia leche en hatos distribuidos por la isla, adquiere leche grado A a productores locales, a quienes brinda asistencia técnica y garantiza el control de calidad mediante tanques refrigerados y laboratorios de alto nivel que evalúan parámetros bacteriológicos, físico‑químicos, proteínas, grasas y acidez.
Respecto a la pasteurización, el doctor explicó que el proceso consiste en calentar la leche para eliminar bacterias y asegurar la salud del consumidor. “Después de pasteurizada la leche debe mantenerse en la cadena de frío de manera obligatoria y por eso fue inventado otro sistema de preservación de la leche, que es el sistema UHT Park, que permite un largo almacenamiento a temperatura ambiente”, señaló.
En el caso de los quesos artesanales, Peña Jiménez indicó que los productores pueden optar por hervir la leche, recreando un método similar al de la pasteurización, siempre bajo supervisión oficial y con el etiquetado que indique “leche hervida artesanal”. Rememoró que durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina existía una industria lechera que pasteurizaba la leche y que se exigía hervirla en todo el país. El experto subrayó la necesidad de proteger la industria lechera dominicana, planificar sus operaciones, apoyar a pequeños y medianos productores, controlar enfermedades como tuberculosis y brucelosis, y mejorar la asistencia técnica, pues actualmente cinco federaciones y una asociación de ganaderos no cubren esas áreas. “Hay que proteger y desarrollar entre 400 y 800 industrias lácteas en el país que pudieran exportar con certificaciones”, afirmó. Además, advirtió que circula una conspiración para favorecer la importación de leche en polvo de calidad inferior, señalando que “es de más mala calidad que la que produce la nación, pues la leche grado A se industrializa en su país de origen y al deshidratarla pierde elementos nutritivos”. Concluyó que la adición de vitaminas a una leche de calidad para crear una “leche de nutrición aceptable” debe ser investigada y vigilada por el gobierno, mientras los turistas extranjeros elogian la alta calidad de los lácteos dominicanos.


