Una gran mayoría de personas mayores de 18 años que padecen trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) desconocen su condición; según estimaciones, más del 80 % no ha sido diagnosticado y, por ende, no recibe tratamiento, lo que repercute negativamente en su autoestima, salud mental y en ámbitos como la educación, el trabajo y la vida familiar.
Si bien el diagnóstico infantil de TDAH se ha vuelto cada vez más frecuente, la misma tendencia no se refleja en la población adulta. La ausencia de un diagnóstico oportuno implica una carga pesada que afecta todas las áreas de la vida: desde la inestabilidad laboral y el subempleo hasta mayores índices de divorcio, encarcelamiento y consumo de sustancias prohibidas.
Durante el Primer Summit de Periodistas Latinoamericanos, celebrado en la capital y organizado por Adium, una empresa farmacéutica con más de medio siglo de trayectoria en la región, la psiquiatra infanto‑juvenil argentina Dr. Sofia Yaismel Martines Pion dictó la conferencia titulada “El costo de no tratar el TDAH”. En su intervención subrayó que el trastorno es una condición del desarrollo cerebral, no una falla de carácter ni un problema de crianza.
La especialista explicó que quienes viven con TDAH sin tratamiento presentan dificultades para mantener la atención en tareas que no resultan inmediatamente atractivas, impulsividad que los lleva a actuar sin considerar consecuencias, y una hiperactividad que se manifiesta como inquietud motriz o mental que no se controla solo con la fuerza de voluntad.
En cuanto a la prevalencia, la experta indicó que entre el 2.5 % y el 3.4 % de los adultos a nivel mundial conviven con el trastorno, aunque se calcula que hasta el 85 % de ellos permanecen sin diagnóstico. Asimismo, señaló que el 5.9 % de los menores de 18 años en el planeta presentan TDAH, y que entre el 50 % y el 65 % de esos casos continúan con síntomas significativos en la adultez, mientras que al menos el 40 % no recibe una valoración clínica oportuna.
La doctora también refutó varios mitos comunes: “Es falta de límites en casa”, “Es un diagnóstico de moda” y “La medicación es la salida fácil”. Enfatizó que la condición tiene una base neurobiológica y una alta heredabilidad genética, y que la medicación ha sido evaluada en cientos de ensayos clínicos bajo supervisión médica.
En el caso de niñas y adolescentes, el TDAH suele manifestarse de forma menos visible, describiéndose como “distraídas” o “ansiosas”, lo que dificulta su detección. Los varones con buen rendimiento académico pueden ocultar sus síntomas hasta que la exigencia escolar los sobrepasa. Factores como la escasez de citas médicas, la distancia a los centros especializados, el costo de la evaluación y el estigma familiar o escolar también limitan el diagnóstico.
Los signos de alerta en la infancia incluyen movimiento constante, incapacidad para esperar el turno, explosiones de frustración que pueden llevar a expulsiones repetidas del jardín de niños, distracción, pérdida de materiales y dificultad para completar tareas. La edad promedio de diagnóstico es de siete años. En etapas posteriores, la hiperactividad se vuelve una inquietud interna, predominando la desorganización y la impulsividad emocional, lo que eleva el riesgo de conductas peligrosas si no se trata.
Finalmente, la especialista destacó que iniciar el consumo de sustancias antes de los 14 años multiplica entre cuatro y once veces la probabilidad de desarrollar una adicción crónica en comparación con quien empieza después de los 16. Entre los adultos con TDAH no tratado, el 60 % tiene problemas para mantener un empleo, el 58 % experimenta fracaso educativo, el 53 % sufre despidos frecuentes y el 30 % llega a una discapacidad laboral prolongada.


