Se presenta una reflexión que combina la psicología, la psicología positiva y la sociología, abordando la separación, la exposición mediática, el aprendizaje, la infancia y la reconstrucción del núcleo familiar.
PAÍS VASCO, ESPAÑA / SANTO DOMINGO, R. D. — Frente a rupturas que llegan a ser altamente mediáticas, el experto Juan Rojas sugiere convertir la mirada social en una oportunidad de aprendizaje. En lugar de fijarse en quién triunfa o pierde el debate, insiste en analizar las causas y repercusiones que ciertas decisiones generan ahora y a futuro, sobre todo cuando hay niños y una familia que seguirá vinculada tras la separación.
De acuerdo con la disciplina psicológica, una ruptura puede desencadenar sentimientos intensos como melancolía, ira, frustración, temor o impulsividad. Rojas indica que experimentar esas emociones es parte natural del ser humano, pero actuar impulsivamente sin sopesar sus efectos puede agravar la disputa.
Por eso, contar con la guía de un profesional favorece una comunicación más reflexiva, la imposición de límites sanos y la toma de decisiones centradas en el bienestar.
Desde la óptica de la psicología positiva, Rojas afirma que una crisis no tiene que verse solo como una pérdida. También brinda la ocasión de revisar conductas, extraer lecciones, reforzar recursos internos y diseñar una nueva etapa. Aprender no implica negar el sufrimiento, sino impedir que una vivencia dura marque de forma permanente el porvenir.
Con una perspectiva sociológica, el especialista señala que cuando los problemas privados se convierten en tema recurrente del discurso público, se pueden normalizar prácticas de exposición, juicio y confrontación.
Rojas hace un llamado especial a comunicadores, artistas y personalidades mediáticas a reconocer que lo que hoy se comenta sobre una familia podría, mañana, afectar a la propia. La empatía y el respeto deben prevalecer tanto al informar sobre terceros como al vivir una vulnerabilidad propia.
El psicólogo subraya la necesidad de salvaguardar a los menores. Los conflictos son asunto de adultos; niños y adolescentes no deben ser usados como mensajeros, argumentos, espectadores o blanco de disputas públicas. Preservar su privacidad, evitar descalificaciones entre los progenitores y mantener sus lazos familiares es una obligación, aun cuando la relación de pareja concluya.
También resalta la relevancia de acudir a profesionales calificados y de actuar con ética. La psicología puede asistir en la gestión de emociones, adaptación y bienestar; el coaching certificado, cuando sea pertinente, puede acompañar metas, reorganización personal y la construcción de una nueva fase. Rojas advierte que el coaching no reemplaza una intervención psicológica cuando esta resulte indispensable.
Esta reflexión está vinculada a su obra «Cuando la vida nos sacude», escrita por Juan Rojas y disponible en plataformas de venta en línea. El libro trata situaciones humanas complejas desde un enfoque de aprendizaje y fortalecimiento. Su mensaje resulta particularmente útil en casos de ruptura: la vida puede sacudir a una pareja y a toda la familia, pero con responsabilidad, apoyo y disposición al aprendizaje, se pueden hallar salidas.
“Los episodios públicos también pueden enseñarnos. Antes de hablar, reaccionar o divulgar un conflicto familiar, conviene preguntarnos qué repercusiones tendrá mañana en nuestros hijos, en la familia y en nosotros mismos. Una crisis duele, pero también puede mostrarnos nuevas formas de vivir y relacionarnos”, finaliza Juan Rojas.


