En la obra original de Stephen King, la joven Carrie es descrita como una adolescente con sobrepeso y poco atractiva, pero en ninguna de sus versiones cinematográficas o televisivas aparece así.
Con motivo del 50.º aniversario de la novela, se recuerda que el libro, publicado por una editorial independiente, introdujo la icónica imagen de sangre como símbolo del poder femenino contra el sistema opresor. Desde entonces se ha llevado a la pantalla cinco veces, la última bajo la dirección de Mike Flanagan para una plataforma de streaming.
Curiosamente, todas esas adaptaciones presentan a una Carrie delgada y de belleza convencional, a diferencia de la descripción de King, quien la llamó “una rana entre cisnes”. En la novela, su aspecto físico constituye una de las principales fuentes del bullying que sufre.
La inconformidad de internautas se hizo evidente en redes, donde surgieron memes y críticas. Summer H. Howell, quien interpreta a Carrie en la versión de 2026, respondió a la polémica: “Confío en Mike [Flanagan] y en su equipo, que fueron quienes me eligieron, y también en su visión de la historia. Nuestra versión es bastante diferente. Es una adaptación. Hay mucho tiempo para profundizar en los personajes y puedes ver por qué toman las decisiones que toman. Y creo que hay muchísimas cosas que la gente no se espera, así que espero que le den una oportunidad y que les guste”. No comentó directamente el tema del peso.
Elena Crimental, directora de comunicación del Observatorio de Diversidad en los Medios Audiovisuales, señaló que las adaptaciones ocultan la gordura y se enfocan más en la dimensión religiosa del personaje. Según ella: “En general, parece que hay un miedo a hacer que Carrie resulte desagradable (ya sea por su personalidad o por su apariencia), cuando lo interesante del libro es cómo te enfrenta a tus propios prejuicios, y te lleva a plantearte qué rol habrías tomado de estar en esa situación. Es una pena que la nueva adaptación, que quiere hablar precisamente de acoso escolar, ignore la violencia que sufren las personas gordas. Tenemos tan poca costumbre de ver a personajes gordos, que parece que no podemos empatizar con Carrie si no es normativa, también por eso se acentúa su vulnerabilidad cogiendo a una chica delgada y de aspecto más frágil, pues los imaginarios gordófobos nos impiden imaginar como víctimas a las personas gordas”. Añadió que la misoginia refuerza la gordofobia: “Parece que no podemos imaginar una protagonista que no le resulte atractiva a una audiencia general heteromasculina, cuya mirada sigue primando en los medios. Queremos aclarar que la novela también perpetúa muchos sesgos de mala representación gorda (culpabilizar a la persona, relacionarla con la comida, animalizarla…), pero una versión moderna podría haber explorado estas cuestiones sin caer en los mismos prejuicios de siempre”.
Una responsable de cultura de una emisora nacional comentó que el cine español sigue atrapado en cánones de belleza estrechos. “Aunque estamos mejor, seguimos bastante mal, sobre todo porque no se está reflejando en la realidad de la sociedad española alejada de esos cánones de belleza. Como exanoréxica y alguien que sufre viendo las alfombras rojas, créanme, es desasosegante ver que solo existe un tipo de cuerpo, que esos cuerpos son los que se enamoran, los que viven aventuras, los que pasan a la historia y que el tuyo no tiene nada que hacer, ni para ligar, ni para vivir historias que valgan la pena, ni para luchar por los derechos sociales”. Añadió: “El cine y las series, que además intentan acercarse muchas veces a la realidad, deberían también reflejar esa diversidad de cuerpos y dar posibilidad de intérpretes con todo tipo de identidades y de bellezas, porque la belleza no es única. No es belleza una talla, un solo color, una única altura o un único peso. La belleza es diversa y el cine también debe aprender eso”.
Desde la primera película, dos años después de la publicación del libro, el director Brian De Palma eligió a Sissy Spacek para el papel. Spacek fue descrita como “poco convencionalmente bella”, aunque delgada. La industria, aun en una historia sobre bullying y violencia escolar, considera que presentar a Carrie como una adolescente con talla superior a 36 sería “demasiado inverosímil”.
Al suprimir la obesidad de la protagonista, los guionistas envían el mensaje de que un cuerpo gordo es demasiado grotesco para la pantalla de terror, pese a que la trama gira en torno al acoso, la ira y la vergüenza. La crítica apunta que, mientras la violencia siempre ha sido parte del audiovisual, la gordofobia no lo ha sido, y que sólo ampliando esos imaginarios podremos ver una Carrie con dignidad y cuerpo diverso, rompiendo los estrechos cánones estéticos que la sociedad impone.


