República Dominicana, septiembre de 2026 — Los tumores que se forman en los huesos pueden manifestarse con dolor persistente, pérdida de peso involuntaria o, en ocasiones, sólo se descubren tras una fractura cuando las radiografías revelan una anomalía. Wendy Allen‑Rhoades, M.D., Ph.D., oncóloga pediátrica del Centro Oncológico Integral de Mayo Clinic, explica cuáles son los cánceres óseos más habituales tanto en la niñez como en la adultez.
Un tumor óseo corresponde a un crecimiento anómalo de células dentro del tejido óseo. Algunas formaciones son benignas, es decir, no cancerosas, y pueden observarse sin necesidad de intervención. Otras son malignas, o cancerosas, y exigen tratamiento porque pueden expandirse, comprometer la integridad del hueso o diseminarse a otras áreas del organismo.
«Enterarse de que una prueba de imagen ha detectado un tumor óseo o una lesión ósea puede ser aterrador. Afortunadamente, la mayoría de los tumores óseos no son cancerosos», afirma la Dra. Allen‑Rhoades. «La clave es averiguar exactamente qué tipo de tumor o lesión tiene, para que su equipo médico pueda recomendarle la atención adecuada.»
La doctora aclara que el cáncer óseo primario se diferencia del que llega al hueso desde otro sitio del cuerpo. Los tumores mantienen su denominación según el órgano donde se originan; por ejemplo, un cáncer de pulmón que se extiende al hueso sigue siendo cáncer de pulmón, no cáncer óseo. De igual forma, si un cáncer óseo se disemina a los pulmones, continúa siendo cáncer óseo.
El dolor en huesos, músculos o articulaciones es un síntoma frecuente y, en la mayoría de los casos, responde a afecciones distintas al cáncer. Sin embargo, cuando el dolor se intensifica, no cede, interrumpe el sueño o se acompaña de hinchazón, fiebre, pérdida de peso o cojera, es necesario acudir al médico para una valoración adecuada.
«En niños y adolescentes, el dolor persistente no debe descartarse automáticamente como dolores de crecimiento», añade. «Aunque los dolores de crecimiento son frecuentes, el dolor continuo que interfiere con el deporte, los estudios o las actividades cotidianas debe ser evaluado por un profesional de la salud.»
El dolor lumbar prolongado en la infancia es poco común y también merece una investigación. Otro signo de alerta es una fractura que ocurre tras un golpe leve o sin ningún trauma aparente, ya que ciertos tumores pueden debilitar la estructura ósea.
«A veces, los tumores óseos no causan síntomas. En su lugar, se descubren cuando se realiza una radiografía u otra prueba de imagen después de una lesión deportiva u otro problema no relacionado», afirma la Dra. Allen‑Rhoades. «En estos casos, la lesión no causó el tumor; las imágenes revelaron algo que ya estaba allí.»
El osteosarcoma se origina en las células que forman el tejido óseo y es la forma más frecuente de cáncer óseo. Aparece con mayor frecuencia en adolescentes y adultos jóvenes, afectando sobre todo los huesos largos de las piernas y, en ocasiones, de los brazos. El abordaje terapéutico suele combinar cirugía y quimioterapia.
El condrosarcoma, aunque nace principalmente en los huesos, también puede manifestarse en tejidos blandos. Se localiza con mayor frecuencia en la pelvis, la cadera y el hombro, y predomina en adultos de mediana edad y mayores. El tratamiento habitual implica resección quirúrgica; en casos de tumores pequeños y de crecimiento lento en brazos o piernas, a veces se emplea una técnica de raspado seguida de aplicación de crioterapia o agentes químicos, y se reparan los defectos óseos con injertos o cemento.
El sarcoma de Ewing se desarrolla tanto en los huesos como en los tejidos blandos circundantes, afectando mayormente a niños y jóvenes adultos. Sus sitios habituales son los huesos de las piernas y la pelvis. El manejo clínico combina quimioterapia y cirugía para lograr la mejor respuesta.
«Muchos tumores benignos no requieren tratamiento y simplemente pueden vigilarse si no causan dolor, limitan la función o debilitan el hueso. Otros tumores óseos benignos pueden requerir cirugía», afirma la Dra. Allen‑Rhoades. «Sin embargo, los tumores óseos malignos requieren tratamiento. Dependiendo del tipo de cáncer, el tratamiento puede incluir cirugía, quimioterapia, radioterapia o una combinación.»
Los avances tecnológicos, como los modelos tridimensionales impresos en 3D del tumor y de sus estructuras adyacentes, facilitan a los cirujanos planificar la resección más precisa. Asimismo, la terapia con haces de protones permite administrar dosis mayores de radiación al tumor sin dañar el tejido sano circundante.
La causa de la mayoría de los cánceres óseos sigue sin conocerse y no existe una medida preventiva clara. Entre los factores que incrementan el riesgo se encuentran síndromes genéticos raros heredados, como el síndrome de Li‑Fraumeni y el retinoblastoma hereditario; enfermedades óseas como la enfermedad de Paget y la displasia fibrosa; así como la exposición previa a radioterapia o a ciertos regímenes de quimioterapia para otras neoplasias.
Debido a la baja incidencia de los tumores óseos, es fundamental que el paciente sea evaluado por un equipo multidisciplinario con experiencia en este tipo de patologías. Radiólogos, patólogos, cirujanos ortopédicos y oncólogos médicos colaboran para lograr un diagnóstico exacto y diseñar el plan terapéutico más adecuado.
«Si le han dicho que tiene un tumor óseo o una lesión ósea, trate de no pensar en lo peor. Muchos tumores óseos son benignos, y los cánceres óseos malignos también pueden tratarse con éxito en muchos casos», afirma la Dra. Allen‑Rhoades. «Si tiene dolor persistente, un hallazgo anormal en una prueba de imagen o síntomas que le preocupan, no los ignore. Hable con su equipo médico. Un diagnóstico preciso es el primer paso para recibir la atención adecuada para usted.»


