Sofia Yaismel Martines Pion, velocista dominicana, entró a los Juegos Centroamericanos y del Caribe con la firme intención de sobresalir y dejar su huella.
En la competición, la atleta se consagró con dos medallas de oro, ambas en pruebas de relevos femeninos: el 4×100 m, junto a Liranyi Alonso y Fiordaliza Cofil, y el 4×400 m, donde completó el equipo con Bianka Acosta, Milagros Durán y Anabel Medina.
Para poder presentarse en esa cita, Sofia tomó la drástica decisión de vender su automóvil, confiada en que su desempeño en los Juegos justificaría el sacrificio. Su entrenador, José Rubio, la impulsó a buscar competencias internacionales y, gracias a esa apuesta, logró integrarse al plantel nacional.
“Mami nunca se puso en contra. Confío en lo que estás haciendo”, le comentó su madre, quien respaldó la decisión de la deportista. Aunque la Federación Dominicana de Asociaciones de Atletismo, presidida por Alexis Peguero, suele reembolsar los recursos invertidos por los atletas, el reembolso aún no se ha concretado.
El caso de Sofia se une a otras historias de deportistas que han apostado sus bienes para competir: un boxeador mexicano y su hermano vendieron el coche familiar para que la hermana siguiera entrenando; una regatista uruguaya transportó su embarcación sobre el techo de su auto para asistir a más regatas; y, en el primer mundo, un joven vendió su consola de videojuegos y su bicicleta de montaña para costear su participación en los Juegos Olímpicos de PyeongChang 2018.
Con la convicción de que su esfuerzo daría frutos, Sofia demostró que la dedicación y el sacrificio pueden traducirse en triunfos históricos para el deporte dominicano.


