BUENOS AIRES, Argentina (AFP)
Una losa de hormigón se alza entre pequeñas colinas cubiertas de vegetación escasa y de tonalidad parda; no se observan obreros ni maquinarias, pues la futura base naval integrada de Argentina sigue paralizada.
La semana pasada, el presidente volvió a poner en marcha el proyecto después de años de aplazamientos, anunciando que endurecerá las sanciones y penas contra la extracción petrolera en las áreas bajo dominio británico que Argentina reclama como suyas.
Milei también prometió impulsar una instalación que refuerce la proyección argentina hacia la Antártida, ubicada cerca de los pasos que unen los dos océanos y que ha despertado un creciente interés de terceros.
El mandatario expresó su postura en el contexto del rechazo argentino al proyecto petrolero británico «Sea Lion» cerca de las Malvinas, días después de que su homólogo estadounidense, John Smith, no descartara reconsiderar la neutralidad de su país respecto al diferendo.
Por el momento, el complejo militar se reduce a un piso de cemento de 2.500 metros cuadrados sobre un terreno de 38 hectáreas sin acceso público.
El sitio está próximo al aeropuerto y a unos cinco kilómetros del centro de Ushuaia, capital de la fría y ventosa provincia de Tierra del Fuego, en el extremo sur de la República.
La piedra angular se colocó en 2022 bajo la gestión de Alberto Fernández; desde entonces sólo se ejecutaron los cimientos y la mencionada losa, lo que representa el 9,13 % del total de la obra, según datos oficiales.
«El objetivo central sería consolidar esa presencia antártica», estima Daniel Guzmán, veterano de la guerra de 1982 contra Gran Bretaña y analista de asuntos internacionales.
«No solo sería una base de buques y aviones para patrullar la zona, sino que tendría capacidad para prestar servicios a otras armadas», explicó a AFP.
Los habitantes de Ushuaia perciben una oportunidad. «Por alguna razón tenemos ahora los ojos del mundo mirando esta zona», manifestó a AFP Rubén Rafael, médico de 69 años.
El gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, opositor de Milei, también respalda la obra, pero con condición. «La construcción de la base «permitirá incrementar la presencia nacional en el Atlántico Sur. La apoyamos siempre y cuando no implique la participación de otros países», dijo a AFP el gobernador, quien recibió el viernes a los ministros de Exteriores y Defensa, Pablo Quirno y Carlos Presti.
La posible vinculación de EE. UU. con la base ya había causado polémica en 2024, cuando Milei visitó Ushuaia para reunirse con la entonces jefa del Comando Sur, Laura Richardson, y afirmó que la base convertiría a «nuestros países» en puerta de entrada a la Antártida.
Semanas después, el gobierno aclaró que no se trataba de una base combinada y, recientemente, el vocero presidencial Adrián Ravier insistió: el proyecto es «cien por ciento argentino», dijo.
Las visitas estadounidenses al extremo austral continuaron. En abril de 2025, el entonces jefe del Comando Sur, Alvin Holsey, inspeccionó instalaciones navales de Ushuaia y recibió informes sobre la protección de rutas marítimas y operaciones antárticas. En enero de 2026, una delegación de 23 estadounidenses, entre ellos siete congresistas, también recorrió la provincia.
Para el politólogo Luis Castelli, director de la consultora fueguina Vox Pópuli, Ushuaia posee un alto valor geopolítico porque se halla sobre un canal que une los dos océanos, además de su cercanía a la Antártida, dijo a AFP.
Una importancia que también tienen las Malvinas y Punta Arenas en Chile, agregó.
Según Castelli, el creciente interés de EE. UU. en contener el avance chino en una región clave para las rutas marítimas y el acceso a la Antártida intensifica el escenario internacional.
«Hay un contexto internacional que potencia los intereses de las superpotencias del mundo», sostuvo.
Las dos potencias han avanzado por vías distintas: la presencia estadounidense se ha hecho visible con visitas oficiales, mientras que China ha ganado terreno mediante inversiones.
En marzo, su embajador en Argentina, Wang Wei, visitó la obra de una central termoeléctrica en los alrededores de Ushuaia, con capitales chinos y una inversión cercana a 80 millones de dólares.
«China ya ha instalado empresas e incluso bases en el continente americano. Y para la doctrina Monroe de los estadounidenses (que expresa la visión de Washington sobre su relación con la región, ndlr), eso no genera ninguna simpatía» y por eso la pulseada por «tener mayor presencia en la zona», dijo Castelli.


