Desde la Ciudad del Vaticano, el pontífice envió una misiva a los obispos de América Latina en la que los insta a prestar atención a los fieles y a preservar la unidad de la Iglesia. La carta coincidió con el tercer centenario de la canonización de San Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos latinoamericanos, y fue difundida el sábado.
En el documento, el Papa agradece haber tenido la oportunidad de ejercer el ministerio episcopal en el Perú. «Allí conocí de cerca la fe de un pueblo del que recibí mucho y comprendí mejor lo que significa ser pastor. Esa experiencia me acercó de modo particular a santo Toribio, quien también llegó desde lejos a una tierra que terminó haciendo suya por la caridad pastoral», señaló el Santo Padre, rememorando la cercanía que sintió con el venerado obispo español.
Para honrar la memoria de Toribio, el pontífice subraya que los obispos deben acercarse personalmente a sus comunidades, escuchar a la grey y buscar a quienes rara vez tienen ocasión de reunirse con el obispo. «Vayamos personalmente al encuentro de nuestras comunidades, escuchemos a nuestra grey y busquemos a quienes pocas veces tienen ocasión de acercarse al obispo. El ministerio de un sucesor de los apóstoles exige vivir con el corazón en el cielo y los pies en el camino», escribe, recordando que él mismo vivió más de veinte años en el Perú como misionero y luego como obispo.
El Santo Padre advierte que el abandono de la grey puede iniciar mucho antes de una huida visible, cuando la comodidad, el temor o los intereses propios pesan más que el bien de los fieles. Asimismo, llama a la unidad eclesial en tiempos de múltiples voces que reclaman autoridad sobre la conciencia de los creyentes: «en un tiempo en el que tantas voces reclaman autoridad sobre la conciencia de los fieles, corresponde al obispo ofrecer una enseñanza clara, paciente y arraigada en esa comunión, para ayudar a su pueblo a reconocer la voz del único Pastor».
En cuanto al acompañamiento de los sacerdotes, el Papa recomienda que los obispos se mantengan cercanos a los presbíteros y cuiden especialmente el seminario, evitando que «ningún presbítero sienta que solo puede acercarse a su obispo cuando existe un problema que resolver». Además, insiste en que ninguna urgencia pastoral haga a un lado la oración: «Que ninguna urgencia ni tarea pastoral, por necesaria que sea, relegue la oración como antesala de la predicación. Reservemos siempre el tiempo necesario para escuchar la Palabra y preparar con esmero el modo de ofrecerla a nuestro pueblo».
Finalmente, invita a los obispos a difundir entre los fieles la vida de los obispos canonizados y beatos, como San Toribio, cuyo ejemplo muestra cómo una misma misión puede adoptar diversas formas según la época y las circunstancias. «Los santos siguen formando santos», afirmó, y pidió que el Señor conceda «la gracia de conocer, servir y amar a las Iglesias que nos han sido confiadas, para que, cuando llegue la hora de dar cuenta al Señor de nuestro ministerio, podamos escuchar».


