El aclamado cineasta chileno Patricio Guzmán falleció este martes en París, a los 85 años, después de tres años lidiando con diversos problemas de salud.
Su obra cumbre, la trilogía La batalla de Chile, se consolidó como un hito del documental latinoamericano, al registrar el convulso proceso político que precedió al golpe de Estado de 1973.
A lo largo de su trayectoria dirigió más de veinte largometrajes y recibió distinciones internacionales como el Oso de Plata de la Berlinale, el Premio Goya y el Ojo de Oro del Festival de Cannes.
Guzmán siguió filmando hasta el día del golpe militar; fue arrestado y trasladado a un centro de detención donde permaneció 14 días. El material grabado quedó oculto en casa de un familiar y, con ayuda de contactos, logró sacarlo del país para ser editado en Cuba, donde obtuvo amplio reconocimiento.
Tras su exilio, desarrolló gran parte de su carrera en Europa, produciendo títulos como Chile, la memoria obstinada (1997), El caso Pinochet (2001), Salvador Allende (2004), Nostalgia de la luz (2010), El botón de nácar (2015), La cordillera de los sueños (2019) y Mi país imaginario (2022).
Sus documentales no solo abordaron la dictadura y sus secuelas, sino también cuestiones de los pueblos originarios, el desierto de Atacama, la Cordillera de los Andes y la identidad colectiva chilena. Fue galardonado con el Premio del Cine Europeo al mejor documental y, en 2023, recibió el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales en Chile.
Para Guzmán, el cine documental era esencial para conservar la memoria de los pueblos; como él mismo dijo: “Un país que no tiene cine documental es como una familia sin álbum familiar”. Su legado permanece como testimonio de cinco décadas de historia chilena y como referencia imprescindible para el cine latinoamericano.


