Mucho antes de que Elon Musk se convirtiera en una figura icónica del sector tecnológico, su madre ya percibía en él una capacidad fuera de lo común. Maye Musk relata que, a los tres años, lo consideró un niño excepcional, aunque su niñez estuvo plagada de problemas para conectar con sus pares y episodios de bullying.
En sus memorias tituladas Timeless: The Art of Reinvention and Resilience at Any Age, la madre explica que su hijo razonaba de una forma poco habitual para su edad. Aun así, asegura que nunca imaginó que esa habilidad lo llevaría a fundar compañías valoradas en miles de millones de dólares.
Según su testimonio, Elon se diferenciaba notablemente de sus hermanos, Kimbal y Tosca. Mientras ellos hacían amistades con facilidad, él contaba con muy pocos amigos y, a partir de los seis años, hallaba su diversión principalmente entre libros, videojuegos y computadoras.
La etapa escolar resultó también complicada. Durante la adolescencia, sufrió acoso por parte de compañeros y, en una ocasión, recibió un golpe tan fuerte que tuvo que ser trasladado a un hospital, según narra Maye en el libro.
Los docentes lo describían como un estudiante soñador y con dificultades para socializar. No mostraba interés por los deportes ni por asignaturas que no despertaran su curiosidad, aunque destacaba notablemente en física y matemáticas.
La lectura, la programación y el trabajo con equipos informáticos ocupaban gran parte de su tiempo. Maye recuerda que ella y sus otros hijos llegaron a llamarlo “nuestra enciclopedia” por su capacidad de recordar con exactitud lo que había leído.
En un momento posterior, Maye Musk apareció en la portada de una revista internacional vistiendo traje de baño, lo que también puso de relieve su propia presencia pública.
Aunque reconoce que nunca pudo prever hasta dónde llegaría su hijo, Maye sigue brindándole su apoyo. Expresa preocupación por él, pero también considera que su trayectoria lo ha convertido en una figura sobresaliente de la innovación y el desarrollo tecnológico.


