“Necesitamos menos políticos y más estadistas, personas con visión, con carácter, con ideas complejas, pero comunicables. Líderes capaces de incomodar, de convocar desde la verdad y no desde el halago. Porque no se trata solo de llegar al poder, sino de merecerlo”. (Víctor Bautista)
Es factible que la transición de una comunicación unilateral a una autocomunicación, que actuaría como puente dentro de la esfera digital, genere una sobrecarga informativa y, en gran medida, intensifique la polarización. Dicha polarización podría deberse a la horizontalidad del acceso, a la fragilidad y fragmentación de los datos, y a que los algoritmos ya no priorizan la verdad. En la actualidad, las plataformas sociales impulsan esa división y fragmentación, creando una percepción distorsionada.
En el terreno político, la polarización ha evolucionado hacia una nueva faceta del capitalismo informacional, a la que algunos denominan Tecnofeudalismo. El mayor poder económico se sustenta en una élite de seis individuos que controlan nueve de las compañías más influyentes del sector tecnológico. Esta reconfiguración, que podríamos llamar oligartecnología, ha provocado un desplazamiento de los liderazgos tradicionales del establishment, sobre todo en las naciones occidentales.
Ese proceso de deslizamiento, al cruzar de lo económico a lo político, ha convertido a esta nueva casta en la dominante, sin interlocutores claros que sirvan de puente con los profesionales del ámbito público. La preponderancia del sector privado se vuelve cada vez más absoluta, sin matices ni filtros, lo que alimenta la polarización y debilita las normas y regulaciones, erosionando la democracia.
La supremacía del capitalismo informacional aún no ha dado origen a una sociedad digital plena; se encuentra en fase embrionaria. Su ausencia permite la expansión de la polarización y los conflictos que observamos a nivel mundial. Aún no existe un cuerpo doctrinario que establezca reglas claras de competencia en este modelo, como recuerda Manuel Castells: “La estabilidad institucional depende de la aquiescencia de los sujetos de un sistema social concreto para respetar los intereses y valores de los actores que ocupan las posiciones de poder en las instituciones”.
Es necesario desentrañar y analizar la polarización actual, pues gran parte de ella se ha politizado. Las redes digitales la han conducido y potenciado, acelerando la conflictividad social y la colonización de ideas. Estas plataformas fomentan una diferenciación que busca una legitimidad ficticia, marcada por desinformación, manipulación y mentiras.
La polarización se ha incentivado en varios ámbitos de la vida social, como la homofobia, el racismo, la xenofobia, el fanatismo religioso, el odio étnico y el nacionalismo exacerbado. En República Dominicana se observan expresiones de xenofobia y nacionalismo radical. La polarización política apenas se percibe en los grandes partidos, que presentan escasos matices y no abordan los retos estructurales del país.
Entre los desafíos que se señalan están: 1) la reforma del sistema educativo; 2) la mejora del sector salud, cuya inversión lleva 30 años estancada entre 1.8% y 2% del PIB; 3) la garantía del acceso al agua, ya que en el siglo XXI cerca del 25% de la población carece de este recurso; y 4) la adopción de un nuevo modelo económico basado en productividad, competitividad y capital humano convertido en talento.
Se vislumbra un aumento de la polarización xenofóbica, particularmente contra la población haitiana, que podría convertirse en un tema de campaña más visible que en los años 1994 y 1996. La migración haitiana no es el único foco, pues República Dominicana también es tierra de emigrantes (3 millones en el exterior) e inmigrantes de Venezuela, Cuba, Colombia y Estados Unidos.
El país muestra un fuerte etnocentrismo respecto a Haití y a los haitianos, mientras que manifiesta un xenocentrismo hacia americanos, europeos y canadienses. Este contraste alimenta actitudes contradictorias en la esfera social.
Aunque el nacionalismo radical tiene una presencia limitada, genera desafección en una pequeña fracción de la población dominicana cuando se discuten los problemas vinculados a la migración haitiana y la ceguera colectiva que caracteriza al país.
Se anticipa una retrotopía xenofóbica en la campaña electoral de 2028, similar a la que surgió cuando se afirmó que los niños haitianos estaban…
En síntesis, la combinación de polarización, desinformación y tensiones sociales está minando la confianza ciudadana y plantea la necesidad urgente de construir un nuevo contrato social que responda a los verdaderos desafíos de la nación.


