La escritora y periodista estadounidense Gloria Steinem falleció el 2 de septiembre a los 92 años en su residencia de Nueva York, según se comunicó a través de su cuenta oficial de Instagram.
El comunicado señaló que la activista partió tranquilamente en su hogar, rodeada de personas cercanas que la querían, y subrayó que dedicó prácticamente toda su vida a la lucha por la igualdad, manteniéndose activa hasta sus últimos días.
Steinem se consolidó como una de las voces más reconocidas del feminismo en Estados Unidos durante el siglo XX, empleando su faceta periodística para exponer las desigualdades que sufrían las mujeres.
En los años 60 colaboró con la revista Huntington Hartford’s Show y realizó una de sus investigaciones más célebres al infiltrarse como «conejita» en el Playboy Club de Nueva York, con el fin de documentar las condiciones laborales y el trato hacia las empleadas.
Su compromiso la llevó a cofundar el Caucus Político Nacional de Mujeres, trabajando codo a codo con lideresas como Bella Abzug y Betty Friedan.
Durante la década de 1970, junto a Dorothy Pitman Hughes, impulsó la creación de la revista feminista Ms., que se convirtió en una plataforma central del movimiento en el país.
El mensaje de despedida resaltó que uno de los mayores dones de Steinem era su habilidad para escuchar y hacer que cada persona se sintiera vista, añadiendo que «sus palabras, acciones y ejemplo dieron a las personas permiso para ser ellas mismas».
En sus últimos años mantuvo dos pasiones: reunirse con gente y escribir. En su domicilio neoyorquino organizó los «Talking Circles», encuentros que recibían a cientos de participantes y que, según el comunicado, continuarán después de su fallecimiento.
Asimismo, dejó preparado un libro pendiente, en el que reflexiona sobre las décadas vividas en su apartamento de Nueva York y el legado que deseaba legar a las futuras generaciones.
El comunicado recordó una de sus frases favoritas: «El aleteo de las alas de una mariposa puede cambiar el clima a cientos de kilómetros de distancia», utilizándola como metáfora del impacto de las acciones individuales.
En lugar de flores, Steinem solicitó que quienes quisieran honrar su memoria hicieran donaciones a su fundación, con el objetivo de seguir apoyando las causas sociales y de justicia que marcaron su vida.
Su partida cierra un capítulo fundamental del feminismo, pero su influencia permanece viva a través de las instituciones que ayudó a crear y de las innumerables personas que inspiró.


